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La sintomatología de la democracia costarricense

El siguiente texto brinda una profunda reflexión sobre la ideología costarricense, los requisitos para que pueda haber realmente una democracia y como el neoliberalismo, en tanto que ideología de los grupos hegemónicos de este país, obstaculiza la formación política del pueblo para que pueda haber una verdadera participación democrática en favor de las personas más desfavorecidas.

Realidad Nacional 29 de agosto de 2020 Heriberto Ordóñez
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La sintomatología de la democracia costarricense Heriberto Ordóñez

Hay quienes piensan que en Costa Rica estamos en el mejor de los mundos posibles:

           1° somos gobernados por los líderes que elegimos;

           2° las instituciones del Estado responden a nuestras demandas;

          3° por lo general, no somos objetos de violencia por parte del Estado;

          4° y hay un sistema imparcial de justicia que nos protege.

Sin lugar a dudas este es un discurso reproducido y perpetuado que se liga a las estructuras de una economía con grandes activos financieros.

En el papel, todo parece estar bien, en lo que llamamos realidad, no es verdad que estamos gobernados por los líderes que elegimos. Hoy, es más claro que nunca, que nuestros gobernantes llegan a la silla presidencial no porque tengan las mejores ideas ni siquiera las mejores intenciones, sino porque tienen el poder económico para manipular con la repetición de la propaganda al mayor cúmulo de votantes, pero además, los candidatos a la presidencia los eligen otros, con el voto solo los aprobamos o desaprobamos con decisiones mediatizadas.

La paulatina pérdida del Estado de Derecho es una muestra clara de que el Gobierno no está respondiendo desde hace muchos años a las demandas del pueblo, entendido este, no como las clases más desprotegidas solamente, sino como todo el sector de la sociedad que no ve reflejadas sus aspiraciones en las instituciones del Estado.

Cuando pensamos en un sistema judicial pronto y cumplido, parece más una bofetada porque aplica --una vez más-- para los y las que tienen capacidad económica suficiente para que eso sea posible. He tenido la experiencia de presentar demandas que nunca llegan a ningún puerto porque no he pagado un abogado que las respalde.

Estamos compelidos a reclamar otra concepción de democracia, de libertad, basada en un pluralismo más informado, menos sujeto a la manipulación por parte de los medios de comunicación, que por lo general defienden los grandes capitales. Se trata de un orden en común, en donde todos y todas nos preparemos frente a los virus que se nos estarán viniendo encima, frente al cambio climático y las enfermedades que este también ya está generando.

Entonces tenemos una discusión en torno a lo que estamos entendiendo por democracia, esto es, una que nos permita vivir en armonía con el medio ambiente, en armonía con el Otro, que no sea necesario matar a los vecinos o vecinas para comprar droga o comer, que no perdamos los instrumentos que nos permiten ganarnos la vida porque no pudimos pagar al Banco, que no perdamos nuestra casa porque no tenemos el trabajo.

El Estado es importante porque permite ordenar algunas cosas que no son posibles en una anarquía en donde cada cual haga lo que le parece; son importantes las reglas. No sería posible manejar por la calle si a unos se les ocurre por la derecha y a otros u otras por la izquierda. Sin embargo, las normas deben regir para todos y todas, no es posible que haya unos sectores para los cuales algunas normas no aplican. El caso más dramático en Costa Rica es el que estamos viviendo desde hace mucho tiempo y es que algunas grandes empresas hacen acuerdos con el Gobierno y no pagan los impuestos que les corresponde o el hecho de que algunos dignatarios no van a la cárcel, después de cometer delitos que atentan contra toda la sociedad, por tener dinero suficiente para su inescrupulosa defensa. Solo para citar dos ejemplos, Óscar Arias o Laura Chinchilla tomaron decisiones que debieron ser sancionadas con cárcel, después de habérseles confiscado bienes para resarcir el daño que le hicieron a la sociedad y; sin embargo, han salido airosos y más bien pueden salir en plaza pública haciendo recomendaciones sobre cómo resolver problemas económicos. Tal es el caso de Laura Chinchilla y su candidatura a la presidencia del Banco Interamericano de Desarrollo.

Ahora bien, cuando decimos que se requiere de la concertación de todos para poder salir adelante con la problemática que tenemos, incluye a los sectores empresariales también, es inadmisible que se suban los impuestos a la gasolina, a la canasta básica, que los sectores medios y bajos veamos reducidas nuestras comodidades mientras haya unos pocos, que están viéndose beneficiados por la pandemia.

Entonces, sí debemos considerar que cuando hablamos de democracia en Costa Rica, concretamente, debe ser una que nos permita crecer, educarnos (con acceso a una universidad pública) tener un sistema de salud que nos incluya a todos y todas, tener libertad para salir por la noche sin riesgo a ser asaltado, abusado y en algunos casos perder hasta la vida, tener libertad de elegir lo que deseamos hacer con nuestra vida –siempre que no atente ni disminuya la del Otro— y aquí entonces es claro que el sistema que estamos viviendo no nos está dando suficientes herramientas para gozar de ese sistema democrático.

Lo más cercano a una democracia, en este momento, es la idea de que el coronavirus puede afectar a cualquiera, pero su afectación se multiplica si no se cuenta con los recursos necesarios para poderlo enfrentar. Ahora mismo estamos ante una noción de darwinismo social, el cual pregona que se enferme y muera al o la que le toque. Esto está teniendo eco entre los sectores vulnerables de la sociedad, pero viene de algunas nociones impuestas por las grandes empresas que ven diezmadas sus ganancias por la falta de circulación de sus capitales en el mercado. Es decir, si se enferman, habrá unos que sobrevivirán: los más fuertes porque se trata del orden natural de la especie en su proceso evolutivo. Y lo que promueven es que el Estado no intervenga para que los capitales puedan seguir su curso de libre competencia. Esta sería pues, una libertad de mercado que promueve desregularizaciones sin importar el bienestar social, solo importa el crecimiento económico per se. Entonces, esta desigualdad se ha convertido en una práctica normalizada, legitimada a tal punto que hasta los sectores más vulnerables de la sociedad terminan defendiéndola. Es así como se escucha a los de a pie rasgándose las vestiduras porque se insinúa imponer un impuesto solidario a las grandes corporaciones.

El discurso que sugiere el neoliberalismo promueve la idea de que los grandes monopolios no van a dar condiciones para solventar las necesidades ocasionadas por la pandemia, por ejemplo. Se está acoplando con una retórica en la cual, el sector laboral debe ajustarse a sus condiciones para preservar el trabajo, en los casos en los que ello ocurre. Promueven la noción de que requieren de algunos subsidios para seguir adelante y continuar generando empleo, de lo contrario, todo se va al carajo. No ha aparecido nadie del Ejecutivo con la propuesta de que van a implementar un impuesto solidario a los grandes capitales, lejos de eso, son estos capitales los que “orientan” al Gobierno para abrir o cerrar sectores de la economía, por supuesto, con una clara disposición a sus intereses económicos. Y aquí entran en juego varios rubros de nuestro Estado de Derecho, porque terminan convirtiéndose en una dádiva para los pobres, tutelada por el Estado. Es así como se reducen los presupuestos para las universidades públicas, para instituciones como el INAMU, no se paga lo correspondiente a la Caja Costarricense de Seguro Social, entre otras. Eso sí, cuando se trata de subsidios para las grandes empresas, las prebendas del Estado son una exigencia. En un artículo anterior había expuesto cómo se estaban incrementando los impuestos para la canasta básica, pero no para los insumos del sistema productivo de los grandes capitales.

El discurso neoliberal, en apariencia, no le interesa la intervención del Estado, empero, esto no es del todo cierto, lo que sí ocurre es que no desean esa intervención en beneficio de los más desfavorecidos, es por eso que se pretende privatizar el INA y otras instituciones del Estado que son imprescindibles para el desarrollo de la sociedad en general. Entonces a ese discurso no le interesa que el Estado intervenga cuando los sectores empresariales quieren subir el costo del pasaje de bus, la liberación de los precios en las medicinas, ojalá del arroz y los frijoles, pero que sí lo haga cuando algunos grupos se levantan para pedir reivindicaciones.  Es decir, esas grandes compañías, cuando la situación se les ha puesto difícil, han recurrido al Estado para que les resuelva el problema, con el pretexto de que son ellos los que generan empleo y en consecuencia dinamizan toda la economía.

La amnistía fiscal es una intervención del Estado, es el tipo de injerencia que desean los neoliberales, pero que no intervenga en el alza de los precios de los productos que ellos venden, que no intervenga en los desechos que producen sus grandes industrias ni en los salarios de hambre que le dan a sus empleados las piñeras, por ejemplo, que no medie cuando se hace necesario defender los salarios mínimos de las grandes mayorías.

Así pues, cuando hablamos de democracia y libertad no significa libertad para hacer lo que nos venga en gana, sino y --esto quizá sea lo más importante--  la libertad de vivir con seguridad, sin miedo a elegir ser pintor, músico o ingeniero industrial, sin que esa libertad me arroje a la pobreza. Cuando digo que se ha legitimado la desigualdad, quiero decir que, para una clase social con suficiente poder adquisitivo, es posible dedicarse a la pintura o a la poesía sin que por ello sea estigmatizado, pero si lo hace alguien con limitados recursos, sus mismos padres le espetarán por qué diablos no se dedica a algo productivo y la sociedad lo tildará diciendo que dejó a sus padres en la indefensión, dedicándose a una actividad improductiva. Es un vago dicen todos y todas, debería ponerse a trabajar.

No podemos seguir pensando que debemos estar sumidos a la imposición de los medios de comunicación. Estos nos imponen una forma de vida a la que amplios sectores de la sociedad no tienen acceso, nos imponen cómo debemos vestirnos, comportarnos, qué debemos comer, aunque eso suponga alimentos nocivos para la salud. Nos imponen un ideal de vida al que la mayoría jamás llegará. No tendremos una casa de dos o tres plantas, con piscina al centro y rodeada de sistemas de vigilancia y, en algunos casos, rodeada también de barriadas depauperadas, sumidas en la delincuencia. Contradictoriamente, ese nivel de vida tampoco puede ser el óptimo. No es posible vivir en armonía consigo mismo si a la par hay sectores que desean incendiarme porque salgo en un carro lujoso mientras ellos y ellas no tienen ni qué comer.

Entonces, uno ve cómo los sectores populares repiten como loros lo que es válido y posible para reducidos sectores de la sociedad. Repiten los dogmas del libre mercado, son muy pocos los y las que se comprometen a salir a la calle para hacer una denuncia puntual en contra de los robos descarados que han llevado a cabo grandes empresas en contra del Estado y en contra de la sociedad en general. Cuando se robaron el Banco Anglo, se hizo un “burumbún” en las noticias y en poco tiempo se nos olvidó que fueron miles de millones que, seguramente, todavía estamos pagando, tampoco se ha hecho mucho o nada para aclarar los desfalcos de la administración Solís en torno al Banco de Costa Rica con el llamado “Cementazo”.

Es increíble cómo la intervención del Estado en estos desfalcos no llega hasta la recuperación de los activos depredados. Es increíble cómo no se hace nada o se hace poco para bajar las pensiones de lujo, pese a que hay legislación suficiente para lograrlo. Sí en cambio se pasan leyes inmediatas para declarar hasta inconstitucionales derechos por los que han muerto decenas de seres humanos para lograrlos, como el derecho legítimo a la huelga para exigir las reivindicaciones salariales y en este caso concreto, encontramos amplios sectores de la sociedad pronunciándose en contra de esos derechos adquiridos y por supuesto en contra de su propio grupo social. Esto es, nos han hecho creer que los malos somos nosotros, nos han hecho creer que debemos defender los derechos de los que nos arrinconan, de los que están haciendo negocios con grandes transnacionales, sin importarles si esos convenios nos favorecen como sociedad o no, más aún sabiendo que no nos favorecen en absoluto, pero que ellos, los que detentan el poder se están viendo favorecidos flagrantemente.

Aquí es donde nos podemos preguntar cuál es el poder que ejercen los sectores neoliberales sobre el sentido común. Han montado una estructura que les ha permitido contar con el beneplácito de los y las que también se ven afectados y afectadas por sus decisiones. Lo vemos, por ejemplo, cuando algunas personas dicen que darle más recursos a la universidad pública es una alcahuetería. Se oye decir: “ese montón de chancletudos deberían buscar trabajo” para referirse a las becas, pero también al hecho de que exista la universidad pública. También se escuchan personas diciendo que el sistema de salud es una alcahuetería porque hay muchas familias que no pagan nada y sin embargo reciben el mismo servicio que ellos que tienen que pagar una suma “X”. Esto es preocupante, porque llegamos a la conclusión de que hay una promoción discursiva nefasta que está siendo reproducida por los mismos a los que afecta. Es preocupante porque promueve una meritocracia en la que solo podemos salir adelante a partir de nuestro propio esfuerzo y que el Estado lo que debe hacer es evitar intervenir. No toma en cuenta que amplios sectores de la sociedad no podrán lograr grandes avances económicos porque no solo están limitados culturalmente, sino también tienen serias limitaciones en los recursos para lograrlo. Es que existen limitaciones, no solo económicas sino también de salud mental para acceder. No es que del todo no puedan lograrlo, si no que les resultará mucho más difícil, que, si tienen el respaldo financiero de la familia, el acompañamiento de amigos o amigas que les puedan dar lineamientos para alcanzar el objetivo. No es lo mismo que si sos un desconocido tratando de llegar al mercado con un producto o servicio sin un respaldo que te apoye.

La hegemonía económica está sustentada en una estructura que le posibilita lograr otros objetivos económicos. Cuando se sienten presionados por alguna directriz emanada del Estado, hacen lobby y logran sus objetivos, pero también cuando requieren préstamos especiales, concesiones de todo tipo o simplemente, cuando apuestan por una licitación. Ahora, elevar esos objetivos y esa hegemonía económica promueve también una polarización de la sociedad, en la que a través de los Mass Media, el pueblo es el enemigo del pueblo, es decir, nos hacemos una zancadilla a nosotros mismos. Los sectores marginales inclusive, terminan reproduciendo el discurso del neoliberalismo, ya lo he dicho. La meritocracia discursiva se ve en todos los sectores sociales, entonces surge el “vivazo”, el que se sale con la suya, ese termina siendo hasta un héroe en la barriada: “no lo agarraron, es un gato”. Esa mentalidad nos viene también de las esferas políticas, en donde por años nuestros políticos y algunas pocas políticas se salen con la suya sin que les ocurra nada, a lo sumo casa por cárcel, en el peor de los escenarios. No es descabellado para un ciudadano o ciudadana de a pie pensar que, si tuviera la oportunidad también, él o ella se tomaría algo de los demás, siempre y cuando lo hiciera bien, pero se requiere eso, ser un “vivazo”. Uno lo ve también en el sistema educativo: los y las que deben dar el mejor ejemplo, se van para la playa en media huelga, se van de fiesta cuando reciben permisos para asistir a capacitaciones y llegan por la tarde solo a firmar. Eso es lo que ha hecho de Costa Rica una sociedad de pilluelos y pilluelas. Todos y todas quieren tomar algo del pastel y pocos y pocas se están preocupando por el enorme daño que le hacen a la sociedad y así, se promueve desde las esferas más pequeñas hasta lo macro, una democracia diezmada, enferma.

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Modo de citado: 

Ordóñez, H. (29 de agosto, 2020). La sintomatología de la democracia costarricense. Sección de Realidad Nacional. Más allá de la Cortina. Heredia, Costa Rica: Cátedra Autónoma de Filosofía Política.

 

 

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